lunes, 12 de septiembre de 2011

CONCLUSIÓN

Aquí termina este viaje bajo la superficie de los mares...
El Nautilus se sumerge quizá para siempre y se pierde su estela entre los remolinos y el abismo.
Nuestra nave ha tropezado con la fuerza del destino y de las estructuras educativas y el viento nos arrastra hasta las blancas costas de Grecia. Es tan hermoso el paisaje y hay lazos tan profundos que nos unen a ella que no podemos (ni queremos) abandonarla, es nuestra tierra patria y nos necesita. Pero sólo los dioses son capaces de estar en dos sitios a la vez, el Nautilus ha de regresar a las profundidades. No sabemos si volverá a emerger, nuestros días en él han sido duros pero felices mas deben concluir por el momento.
El capitán Nemo, pese a su conocida misantropía, debe agradecer a cuantos nos los prestaron su atención, colaboración, apoyo, iniciativas, sugerencias, habilidades o palabras amables, todos sirvieron para engrasar nuestras máquinas con el más dulce y caro de los aceites: el de la amistad.
Debe también, y así lo hace, agradecer a los cielos el privilegio de haber podido navegar con las tres tripulaciones del Nautilus, de todos aprendimos, con todos sufrimos, caímos y nos levantamos, a todos despedimos con esperanza y contemplamos cómo se enfrentaron a sus nuevos retos, por todos nos desvelamos y a todos pedimos perdón por cuando no supimos estar a la altura. 
Fueron y son la mayor riqueza de esta nave.

El tiempo se acaba. Paren las máquinas. El Nautilus reposará en el fondo abismal hasta que se pierda memoria de él y con él su capitán.
“¿Quién pudo sondear jamás las profundidades del abismo?”, sólo dos hombres entre los hombres tenemos el derecho, ahora, de dar vino respuesta: el capitán Nemo y yo.

El capitán Nemo sea desde esta hora Nadie.

Nota postrera: Se cierra esta bitácora de puño y letra del Capitán Nemo a bordo del Nautilus María Cegarra, en el fondo del mar en los primeros días de septiembre de 2011.